Vidas estandarizadas

Hoy algo me hizo sentir extraño: Giré a la derecha y vi a varias personas caminando con uniformes. Giré a la izquierda y vi a algunos adolescentes caminando en jeans. La última vez que mi celular sonó, oí la música clásica que había elegido como timbre. Aquella mañana, en el bus, había logrado escuchar la misma tonada en otro celular.

Decidí entonces prestar atención a lo que hacía durante el día. Llegué a la oficina y firmé mi entrada, luego encendí el computador y comencé el día revisando mi correo-e. Tras ello, continué con el trabajo que había dejado en pausa el día anterior.

Puedes imaginar el resto, sin duda. A la hora de almuerzo, me levanté y fui al restaurante donde acostumbro comer. De regreso, fumé mi cigarrillo post-almuerzo habitual y regresé...

¿Rutina? Si fuese simplemente una rutina, no habrían varios millones de otras personas haciendo lo mismo que yo. Es peor: estamos viviendo un estándar.

¿Cuándo, cómo o por qué estamos estandarizados? No lo sé, no tengo una respuesta para ello en este artículo. Solo tengo una advertencia que dar, a manera de pregunta al viento: Si nuestras vidas están siguiendo un estándar, ¿quién se cosechando los beneficios?

Yo no lo estoy haciendo. Es más, recién caigo en que el vivir un estándar me ha estado robando mi tiempo.


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