Reflexiones a partir de un concurso de poesía

Tras haber organizado unos pocos concursos internacionales de poesía a través de Heptagrama, creo haber aprendido un par de cosas acerca de las personas y su cultura. La primera y más importante de ellas es que realmente necesitamos prestar atención.

Necesitamos prestar atención

Organizar un concurso de poesía usualmente no es difícil, pero toma tiempo. Uno recibe muchos correos-e con los envíos de los participantes, pero también una variedad de preguntas. Lo preocupante es que la mayoría de las veces las preguntas que recibo se encuentran respondidas en la página de la convocatoria. Lo que me lleva a preguntarme: ¿Qué pasó? ¿no leyeron la convocatoria? En realidad, hay dos posibilidades:

La primera posibilidad es que, en efecto, la gente no haya leído la convocatoria. De ser el caso, me preguntaría por qué no la leyeron. Pienso que intentar formar parte de algo sin siquiera leer sus instrucciones, términos o condiciones es serio. Las consecuencias de no leer la convocatoria a un concurso de poesía quizá no sean gran problema, pero si uno pasa por alto el leer un contrato de negocios o trabajo antes de firmarlo, las consecuencias pueden ser desastrosas. Uno siempre necesita leer en qué se está metiendo antes de tomar la decisión de continuar. Como veo las cosas, el no hacerlo equivale a correr a 100 kilómetros por hora por el camino equivocado.

Lo que me lleva al segundo punto: ¿Qué pasó si las personas sí la leyeron? En teoría, aquellos que leyeron la convocatoria al concurso debieron ser perfectamente capaces de hacer sus envíos correctamente desde el primer intento; sin embargo, la experiencia me demostró que estaba equivocado. Solo uno o dos de cada cuarenta participantes hicieron un envío exitoso desde el primer intento. Los otros treinta y nueve tuvieron que hacer correcciones y reenviar.

A mí me parece que esto demuestra algo: que las personas se han vuelto bastante irresponsables con sus propias vidas. No leer un documento o no prestar atención a lo que se lee puede llegar a tener consecuencias horribles para un adulto responsable de sus actos. Tengo claro que un concurso de poesía no te llevará a una temporada en la cárcel, pero otras cosas sí.

Incluso si piensas que que es humano equivocarse al seguir un procedimiento o que 'esas cosas pasan', te invito a pensar otra vez. Si más de doscientas personas cometen exactamente el mismo error, no es un desliz. Estamos hablando o bien de idiotez colectiva o de que nos hemos vuelto temerariamente "seguros de nosotros mismos".

¿Será que nos hemos vuelto temerariamente seguros de nosotros mismos?

Los concursos de poesía que yo organizo funcionan a través de la Internet. No se requiere de pago alguno para inscribirse: todo lo que hay que hacer es publicar el poema con el que uno desea competir en una página web pública —cualquier página—, incluir su nombre y nacionalidad, y copiar el código de participación que coloco cada año en la convocatoria. Solo hay una condición más (y realmente odié ponerla): teniendo en cuenta que durante el primer concurso de poesía que organicé recibí una cantidad insana de envíos con errores ortográficos, añadí una cuarta obligación para formar parte del concurso: presentar un poema con perfecta ortografía.

Para mi sorpresa, los envíos tuvieron un resultado asolador: 19 de cada 20 envíos no pasaba el requisito de ortografía perfecta en el primer envío. ¿Qué está pasando con los escritores? Me pregunté. Creo tener una respuesta:

Si alguna vez has oído hablar y usado un buscador de Internet, habrás notado que hay miles de millones de páginas web allí afuera cubriendo una variedad extensa de temas. Por lo general se puede encontrar "todo" en el mundo virtual. Lo que es realmente difícil de encontrar es algo bueno.

Esto ocurre porque la mayoría no utiliza la Internet para obtener información detallada o de fuentes serias. La mayoría de usuarios de Internet o bien la usa para divertirse (viendo pornografía, viendo vídeos o leyendo las novedades de su última red social) o para salir del paso y resolver algo rápidamente. Al usuario común de la Internet no le interesa la fidelidad o veracidad de la información que está leyendo. Solo la prueba a ver si resuelve su problema o no; y, si lo hace, cierra la página y prosigue.

Esta actitud a mí me parece descuidada. Aun si esta página tuviera una advertencia, el usuario común de Internet ni siquiera lo notaría. Lo que me lleva a una pregunta: ¿tienen los blogs la culpa?

¿Tienen los blogs la culpa?

Con, ciertamente, algunos millares de excepciones, los blogs son escritos por entusiastas no profesionales. Estoy comenzando a pensar que el hecho de que las personas recibieran una tan magnífica forma de expresarse pública e incluso anónimamente a través de blogs ha causado un importante declive en la calidad de lo que se encuentra en la Internet.

Y pienso esto porque estas publicaciones individuales que los "bloggers" "postean" jamás son revisadas. Millones de ellas son escritas sin cuidado y publicadas llenas de errores. Lo que es peor, se van a la Internet plagadas de errores mientras que su autor piensa que están perfectas desde el primer borrador. A diferencia de los escritores profesionales, quienes hacen revisar sus textos todas las veces que sean necesarias hasta que estos alcancen la calidad que necesitan alcanzar.

En cierto modo, nos hemos vuelto irresponsablemente seguros de lo que hacemos. Hasta parece que nos hubiéramos olvidado de que somos seres humanos.

Una multitud de 'Superman's'

Cuando pienso en los blogs estos días, y especialmente los blogs de poesía, me estremezco. Estos concursos de poesía me han ayudado a darme cuenta de que estoy rodeado de cientos de Supermans. Ellos escriben. También editan. No necesitan releer ni seguir instrucciones. El organizador del concurso tiene que entender que no son poetas típicos sino innovadores, raros especímenes de imperfección perfecta. Si alguien les dice que sus poemas tienen errores ortográficos, se ofenden. Lo que es peor, responden diciendo que debe haber un error porque no pueden hallar ningún error en sus propios escritos.

Bah...

Unas cuantas sugerencias

Creo que lo que he aprendido con los concursos de poesía que organicé es una oportunidad de ayudar a todos a ser más responsables y menos "entusiastas" (en el sentido equivocado de la palabra).

+ Necesitamos aceptar que no somos perfectos, todo lo contrario: Rara vez hacemos las cosas bien a la primera vez. Sí necesitamos revisores.
+ Necesitamos dejar de pensar que podemos hacerlo todo por nosotros mismos. Heptagrama no sería lo que es sin la ayuda de algunos amigos (mi coeditor, mi contador, mi hermana y mis lectores, que son muy importantes para mí). Quizá yo sea capaz de hacer cualquier cosa, pero definitivamente no puedo hacerlo todo.
+ Necesitamos detener nuestros individualismos infantiles. Si no formamos equipos para hacer y tener contenido de calidad, nunca podremos crecer. Si no podemos hacer algo, tenemos derecho a preguntar y averiguar cómo. No hay nada de malo en aceptar que no entendemos algo. Por el contrario, el admitirlo puede ayudar a aprenderlo.
+ Y, por último, necesitamos aprender esta lección rápido. La inmediatez de la Internet no nos puede engañar para hacernos creer que todo en la vida está a solo unos clics de distancia. La vida real no es así.


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