¿Qué hay de malo con el texto?

Hoy por hoy, el formato estándar para un documento de texto es uno de estos dos: Word, de Microsoft, o PDF, de Adobe. No importa si viajan por la Internet, vía correo-e o copiando y pegando el archivo en un disco USB, normalmente es uno de esos dos.

Entiendo que estos dos formatos sean populares y "bonitos", pero empiezo a preguntarme si realmente son las mejores opciones que podemos utilizar. Aquí digo por qué.

Ambos formatos son domínicos

Primero, porque ambos son formatos domínicos, es decir, su funcionamiento es propiedad privada de dos empresas específicas. A pesar de haberse vuelto compatibles y de que ahora podemos abrir un archivo .doc o .pdf con una variedad de software, esto no ha sido exactamente gracias al deseo de sus creadores de proveer apertura y ayudar al intercambio de información. Todo lo contrario, año tras año estas dos empresas han ido desarrollando "nuevas versiones" que, en teoría, son "más completas" y "permiten al usuario hacer las cosas con mayor facilidad"; pero que, en realidad, siempre han parecido ser hechas para intentar dejar a la competencia atrás para así poder mantenerse como los protagonistas del mercado.

Segundo, porque estos dos formatos son grandes. Este artículo pesa (sí, hasta aquí) 12 kb si lo grabo en el formato .doc de Microsoft, 14 kb si lo grabo en el formato .pdf de Adobe, mas solo 2 kb en el viejo y anticuado formato de texto .txt. ¿Con qué fin guardo los textos en alguno de esos formatos entonces? Además del revisor de ortografía o la capacidad de dibujar una tabla, no puedo encontrar una razón suficientemente poderosa para grabar, guardar o enviar por correo-e un texto simple en cualquiera de estos dos formatos.

Y, tercero, porque por lo general son horribles. No te ofendas, pero, en general, las personas no son exactamente especialistas en estética; así que los documentos terminan siendo grabados en con un tipo de letra simple, un tamaño de texto incómodo, negrillas o cursivas donde no son necesarias, y una batería de otras pequeñas atrocidades. Desde luego, hay excepciones, pero en general, los documentos de suelen ser todos iguales: tipo de letra Arial, Times New Roman, Georgia o Verdana a 11 ó 12 puntos, 2 cm de margen arriba y abajo... ¿Continúo?

Volviendo a lo simple

La alternativa más cómoda es regresar a lo sencillo: Un archivo de texto simple, sin ajuste de línea, puede ser compartido por toda la Internet de una manera más rápida, e incluso en el mensaje mismo. Puede ser abierto por todos y cada uno de los procesadores de texto en el mundo y, de necesitarse un trabajo estético, se puede hacer fácilmente después. Además, al utilizar un formato de texto simple, me liberas de la obligación de adquirir una "nueva versión" cara y registrada o de esperar hasta que los programadores de software de código abierto se las arreglen para decodificarlos y abrirlos completamente. Ambos ahorraríamos tiempo.

Entiendo que los procesadores de texto comunes sean útiles por las herramientas que proveen (revisor ortográfico, revisor gramatical, diccionario de sinónimos, guionado automático, diseño de tablas y diagramas sencillos), pero para uso ordinario, un archivo de texto simple es más que suficiente.


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