Cuidado con juzgarte

Hay momentos en la vida en los que sentarnos a pensar acerca de nosotros mismos puede resultar muy beneficioso. Hacer una pausa para pensar qué somos, dónde estamos y a dónde queremos llegar nos ayuda a plantearnos nuevas metas y a idear alguna manera de lograrlas. Nos permite también corregir conductas que nos están causando líos con las personas con quienes convivimos, tomar decisiones y, en general, proyectarnos en la lucha para un futuro mejor.

Hay otros momentos, empero, en que tenemos la tendencia a maltratarnos, calificándote negativamente. Sobre estos momentos es que redactamos este artículo, y aquí tienes algunos comentarios al respecto.

Veamos, primero, unos cuantos ejemplos: Tenemos que Felipe probó un día un poco de droga, en medio de una reunión de amigos; tenemos que Kathia, en su embriaguez, terminó en la cama de Alberto hasta el amanecer; o que Julio, por un olvido, ocasionó en la empresa en donde trabajaba la pérdida de un cliente que tal vez era importante. ¿Qué es lo que suele ocurrir en estos casos? Heridos, tal vez, por la circunstancia, tendemos a calificarnos a nosotros mismos de una manera negativa, lo que resulta extremadamente peligroso. Si no se tiene cuidado, puede llegarse a adquirir una conducta autodestructiva.

Si, continuando con los ejemplos anteriores, Felipe llega a pensar que, por probar droga una vez, se ha convertido en un adicto; Kathia, en una cualquiera; y Julio, en un incompetente; pronto tendremos a tres personas equivocadas asumiendo el engaño como verdad y que se dedican a hacer estas cosas por el simple hecho de considerar que ahora son así. Nada más lejos de la verdad, pero ellos mismos se dedican a repetir estos pensamientos en su cerebro hasta que logran fijarlos como sus nuevos estándares de comportamiento.

Las consecuencias de esto casi siempre son las mismas: Lo que alguna vez fue un error de un solo momento, pronto llega a convertirse en su nuevo estándar de comportamiento.

Qué hacer si ya te pasó

Si alguna vez haces algo que sabes que estuvo mal, por favor, no te tortures. Te equivocaste: pídete perdón y dátelo; luego sigue con tu camino. Esto no quiere decir que te vas a hacer de la vista gorda sobre las consecuencias de lo que has hecho, desde luego. Estarás de acuerdo con que es justo tratar de reponer el daño que has causado... incluso si las consecuencias llegan a ser completamente negativas para ti, si Julio llega a perder el empleo, por ejemplo.

El punto es que, así como una golondrina no hace verano, un error no te convierte en una mala persona.

Incluso si no ha sido solamente una vez, puedes dejar de hacerlo. Quien escribe sabe de muchos casos en los que un consumidor ha dejado de serlo, una mujer promiscua ha cambiado de actitud y de un empleado despedido que ha encontrado un trabajo mejor. Mientras no consideres que tú eres una persona mala, adicta, promiscua o incapaz por haberte equivocado una vez o tal vez más, podrás seguir estando bien.

Acepta que tienes derecho a equivocarte, mas no la obligación de repetir el error.


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