El coraje de ser una persona integral

Cuando éramos niños, mamá y papá —o quien haya cumplido con el rol que normalmente se les atribuye— nos enseñaron reglas morales. Entre otras cosas, nos enseñaron a no robar, a no mentir, a no malograr las cosas y a respetar la propiedad de los otros y muchas otras cosas. Hoy, que los años han pasado seguimos solamente algunas de estas recomendaciones e —incluso— según nuestra conveniencia. Le llamamos sentido común, pero en realidad no lo es. Nos hemos acostumbrado a portarnos de formas distintas en situaciones diferentes únicamente por temor a las consecuencias de no hacerlo.

¿Ejemplos? Piensa en los momentos en los que hayas mentido y pregúntate si esas mentiras no fueron para evitar una consecuencia negativa de tus actos o para ganar algo de tiempo extra para terminar lo que tenías que hacer. Ahora piensa en cualquier ocasión en la que hayas hecho trampa en algún examen y pregúntate si no fue para evitar el castigo que tendrías por reprobarlo. Por último, recuerda la primera vez que te abstuviste de abrir los labios y di si no fue por temor a las consecuencias que podrían haber contra ti si hablabas o denunciabas ese algo importante.

Como ves, las conductas deshonestas son siempre consecuencias de algún tipo de temor.

Pregúntate ahora si —¡a tu edad!— vale la pena vivir con miedo. Pronto tendrás una respuesta. Mientras tanto, te recordamos que ser una persona integral, aun en el diccionario, es sinónimo de ser una persona completa. Una persona completa no vive con miedo.


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