Para entender a las mujeres

Entender a la mujer no es del todo complicado, pero ten en cuenta que analizarlas no te hará más atractivo, y entenderlas no te permitirá dominarles. Quien escribe este artículo tuvo la suerte de poder conversar con varias de ellas abiertamente acerca de las relaciones entre hombre y mujer, y hoy considera que ha obtenido invaluables nuevas amistades. Para que este artículo te sirva también a ti, solo debes dejar de lado los prejuicios y —como dicen los estadounidenses— caminar una milla en zapatos de tacón alto, aunque no literalmente, por supuesto.

Lo que aprendí de las mujeres es que, básicamente, su sicología parte de su misma genitalidad. El simple hecho de que la mujer tenga los genitales hacia dentro refleja exactamente la forma en la que una mujer ve el mundo: de adentro hacia afuera, de sí misma hacia el exterior. Toda mujer, en efecto, se concentra en sí misma antes de pensar en lo demás y estima importante verse bien para poder sentirse bien y más segura de sí. Va más allá de la vanidad. Si no se sintiera cómoda con lo que es, tendría muchas dudas en su propia forma de enfrentar el mundo y sufriría reveses al hacerlo.

Si lo entiendes desde este punto de vista de mujer, entenderás por qué aquellos periodos de "cinco minutos" son suficientes para mirar la mitad de un partido de fútbol, por ejemplo. Ellas necesitan explorar su mundo interno con cuidado antes de poder enfrentarse al exterior: los varones, no.

solo ten cuidado de no asumir que esto también se cumple cuando una mujer habla de sus hijos. A decir verdad, si alguna vez una madre siente que sus hijos están en peligro, se transforma hasta volverse temeraria, inmisericorde y en algunos casos incluso asesina. Una mujer no tiene contemplaciones cuando se trata de defender a los que más ama; y, es más, está largamente demostrado que una mujer es capaz de hacer cosas mucho más arriesgadas por defender lo que ama que cualquier varón.

Afortunadamente, actitudes como ésta son dejadas solo para situaciones extremas. Alguna vez, milenios atrás, las mujeres entendieron que son físicamente menos fuertes que los hombres y les cedieron este papel protector, por decirlo de algún modo. Desde entonces, las mujeres, incluso desde la adolescencia, buscan la compañía de un hombre para caminar por las calles o contemplan el deseo de vivir con uno de ellos en el futuro. Estrictamente, no lo necesitan ya que pueden vivir perfectamente sin que un hombre les mantenga; pero definitivamente lo prefieren. La compañía ayuda a que una mujer se sienta suficientemente segura para desarrollar su femineidad y sentirse mucho más completa... lo que también es beneficioso para su hombre.

¿Por qué digo esto último? Porque la sensación de seguridad permite a la mujer expandir su forma de pensar —de lo interior a lo exterior— más allá de su ser y llevarlo a su entorno. Y pronto verás que ella empieza a embellecer su entorno así como se embellece ella.

¿Hay algo más? Sí. Para que una mujer pueda sentirse un poco más completa, necesita sentirse conectada constantemente con las personas que ama. Esto explica por qué las mujeres necesitan compartir lo que piensan, lo que sienten o lo que les ha pasado en el día; y por qué valoran tanto a alguien que les haga reír por encima de muchas otras cosas. Para una mujer, el hablar es la realización de una necesidad de sentirse conectada con quien está a su lado. Y el verle sonreír, jugar un poco o bromearle, una señal positiva de que el interlocutor está disfrutando su compañía. Una mujer en un ambiente hostil no hará más que sentirse menos segura.


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