Concurso Heptagrama de poesía 2010

En el 2010, Heptagrama organizó su segundo concurso de poesía. 124 poemas tomaron parte del mismo desde todas partes del mundo. Aquí un resumen, y los mejores poemas en competencia.

El jurado otorgó el premio al poema "Paridad" de Daniel Rojas. Menciones honrosas fueron entregadas a "Tríptico", "La soledad", "Otro sueño", "De la flor se renombra el cauce vivo", "Celestino", "Adagio", "Ruinas", "Educación de urbe" y "Nota mental".

El jurado estuvo compuesto por Blanca Barojiana, Elisabet Cincotta, Ana I. Hernández Guimerá, Ana Lucía Montoya Rendón y Liliana Varela.

Heptagrama agradece al jurado y a todos los poetas que tomaron parte en el concurso.


Ganador

Paridad

"¿De qué sirven los polos, los ecuadores,
los trópicos, las zonas y los meridianos de Mercator?
Así gritaba el capitán. Y la tripulación respondía:
¡No son más que signos convencionales!"
—Lewis Carroll, La caza del Snark

Aún quedan fondos por recorrer

olvidados por aquella costumbre

a mirar dentro del abismo cotidiano...

y despiertos,

soñamos

esta negligente esperanza

como el perdón de un manierista dios sin párpados

vigilando la noche eléctrica de los alucinados al nacer

"haz dejado de crecer hijo, ahora empiezas a morir"

abre las cortinas

y deja que aquella retina

en su punto más feroz

atraviese de par en par el corazón sagrado de tu sombra…

no hay reflejo más hermoso

que aquel que traduce al muro del olvido

y ella...

cruzó al otro lado.

© Daniel Rojas Pachas, de Chile


Menciones honrosas

nota mental

(para Jorge Díaz Martínez)

por culpa del amor
habrá que lavar las sábanas de nuevo
—Pablo García Casado

abrirse de piernas,
besar sin fuerzas,
posar los ojos en
la vela de la esquina;
repetir tu nombre
para mis adentros
de media cada
tres segundos y medio,
guardar silencio
-o gemir lo justo-
sentir el cuerpo pesado
y sin ganas de bailar,
convencerme,
casi llegar,
mentirme,
ignorar tu foto
que me mira
desde la mesita,
cambiar de postura,
forzar un leve jadeo,
girarse, volverse,
desviar la mirada y encontrarme
con las manchas
  que sembraste
    hace unas semanas.

mientras acaricio con fingido interés
la cara de alguien que se parece mucho a ti,
pienso
  que habrá que lavar las sábanas de nuevo.

© Anna-Lisa Marí Pegrum, de España


Educación de urbe

La calle despierta hinchada de recuerdos,
sabe de sí y no sabe el porqué.

Le abren en canal mientras pasa el verano,
Dizque para ahuyentarle las arrugas,
Dizque para dejarla crecer en otoño.

Sabe que el cielo es intocable
y desea ser él,
aéreo, rozado siquiera por rugidos de insecto,
ahuyentado de la vida que surge en la tierra,
lejos del alimento que aboga por ser grieta,
de un cielo que sabe que esta noche
será alcanzado por las avenidas
y será tangible, táctil
como la herida de las diosas
cuando aman a un hombre.

© Iván Vergara García, de México


Ruinas

Entre las obras puras, nada que hacer.
Tampoco entre las Ánimas o las Ruinas.
—César Dávila Andrade

Y me quemaré
con el filo de la noche
impropia, allí
el reposo ni siquiera se acercará
despojado de los silicios de dios.

El alimento lastima la garganta
suplicio diario adherido
a alcoholes enflautados.

Mis manos crecen en el aire
hacen figuritas comestibles.
Dibujan entre la lluvia
universos enteros
con uñas falsas.

Y corta
lacera
muerde
la noche.

© Juan Secaira Velástegui, ecuatoriano


Adagio

I

Notas que vuelan como palomas trasparentes,
melodía que abre la tarde en sesenta gajos,
dos cuerdas sobre el mundo
y un boceto de aire.
Incertidumbre del tiempo
que nos toca vivir en el adagio.
Sol de alas y plumajes amarillos,
flor de luz, copla marina,
piano nevado y azabache,
viento que a los árboles despeina cuando llueve.

II

Ay adagio, cómo zumban
tus notas a dardos encendidos
abotonando y desabotonando esta tristeza
que se revuelca en el insomnio.
Una cuerda silbando una pregunta,
savia de abismos junto a mi lecho.

III

Marchas después del alba
y el violín toca el recuerdo
de tus manos en mi templo.
Azorado corazón que se estremece.
Nota final y una sentencia:
una puerta que se cierra a la sospecha.

© Lady López Zepeda, de México


Celestino

"Cuanto más pasan los años
saben mejor los recuerdos"
—Alberto Cortez

Hablo por los días perdidos

por sus tardes
  y sus noches
cuando el aroma a tinta
dibujaba a fuego
las mudas historias de mis sueños.

Cuando ciega por completo
—omitiendo los agravios
de tu corazón inalienable—
desgajaba impúdica
una por una mis fatuas letras.

Cuando aprovechando al máximo
la ambigüedad semántica
usaba el antifaz de los poetas
  irreverente —osada—
haciéndole el amor a las palabras.

Hablo porque, si de amor se trata
no hay separación de bienes
  —repartición de memorias—
no hay quien pueda reclamar para sí
  de manera exclusiva
las gotas de lluvia
de una tarde robada al tiempo
los inauditos desvelos
  ocasionados a noches ajenas.

Hablo
  porque esta voz es mía.
Porque los recuerdos
  —igual que el buen vino—
se añejan deliciosamente en las entrañas
al paso del permisivo
      licencioso

    celestino
  tiempo.

© Mónica Morales Rocha, de México


De la flor se renombra el cauce vivo

De la flor se sacude en un instante,
un pájaro abierto en el estío,
una ráfaga de alas,un suspiro,
la cartografía solemne del que parte.
Son audaces los demonios que se evitan
tan solo con abrirse la corola.
Emigrar con el polen a otro canto,
contenerte en la palabra que te nombra.

Existe una postal jamas leída
en la estafeta de un camino inexistente.

De la flor se expele la duda solitaria,
una nocturnidad jamás sabida.
Son relojes los pistilos que se funden
en el tiempo sin un tiempo de partida,
erecciones perfectas de tormenta,
de rayos que traspasan los torrentes,
de sol que cauteriza las ausencias.

De la flor se renombra el cauce vivo
de una mañana que antes fue noche,
surge cualquier estación,
cualquier vacío,cualquier eterno fulgor,

...y una espina que se clava en la columna.

© Magdalena Ruiz Jimenez, de Argentina


Otro sueño

En la espiral interminable
que se ha autoimpuesto un nombre azul
con olor a lavanda

la risa perdida y un sueño hueco
atraviesan los dos centímetros que permean la sonrisa
y busco con los zapatos enlodados

camino

siempre hacia el centro de la nada
que se derrite entre palabras

pasado, plumas de ángel negro
encerradas en cristales de caramelo

azúcar etílica, derrota del deseo
saborear los recuerdos
el discurrir de una vida

respiro

una chispa que se abraza
a la hoguera de un tronco seco

alumbrando la noche que no termina
de forjarse sobre la silueta del sueño

ya las plumas negras caen en espiral
danzan las sombras sobre su reflejo
y despierto lejos de mi

mareada

agazapada entre hierba rebelde de ciudad
rasgando mis pupilas con arena de desierto

© Claudia Islas Coronel, de México


La Soledad

...y la mano
advierte todo aquello que ve; igual mi espíritu.
La mano empuña la pluma que traza líneas
que revelan palabras que se erigen en versos
que construyen mi historia. La palabra transita
senderos desolados y poblados. Me enfrenta.
No es sumisa. Sólo expresa lo que logra entender
o lo que la conmueve. (Tan poco es lo que entiende
de mí y de eso que impulsa a que me una a su secreto.)
El papel se expande como si fuera un cerebro
con memoria, hermana de la mía, atormentada.
Ese papel que gime con un rostro lívido
por la tinta que le encadena mi angustia, trata
de gritar, de pedir auxilio, pero no puede.
No se ve nada. No hay ni ventanas ni salidas.
Sólo la oscuridad y el laberinto. Sin vacío.
Con suelo que sostiene de mí lo que aún lucha
contra lo único forjado a mi lado que no huye:
yo. No hay compañeros en mi abismo de paredes.
¿En la oscuridad total mi sombra me acompaña?

© Musa Ammar Majad, de Venezuela


Tríptico

1.-

caminas bajo la lluvia
naufrago de tus propios sueños
derrotado de esperanzas
soportando el peso
de un fracaso no solicitado
sin saber hacia donde te diriges
solo te dejas llevar
como un corcho en el agua

indefenso
en este mundo inclemente y salvaje
en este mundo confuso y rudo

con las ilusiones molidas por el peso cruel
de la realidad implacable que cae sobre ti

andas consciente hacia un abismo
de tierra y derrota

andas sabedor de que estos son los últimos pasos
que dan tus pies cansados de trajinar.

2.-

desde aquí la ciudad se ve
como una masa viva que viene a aplastarme
los ojos empiezan
autónomos
a lanzar su lluvia

desde este puente inmenso
veo pasar la vida
como un cristal confuso ante mis ojos

desde este puente inmenso
se ve a lo lejos
el suelo que me recibirá
el polvo que será mi morada

3.-

ya no iras, josé, a corretear en las tardes
por la verde pradera entre mangos y guayabas
ni jugaras al topao ni a los policías
ni faltaras a clases para irte a marotear a la orilla del río y darte un chapuzón y juguetear libre como pececillo en el agua

se interrumpió tu reloj
se detuvo tu vida

y te preguntaras, josé ¿qué es este viento frío que te arranca lágrimas?

¿por qué te desarraigan así de tus juegos y tus risas?

¿qué culpa tienes, josé, de que los grandes no se entiendan?

no sabes nada, solo sientes ese llanto
que te abre tajos en tu carita
mientras desafías al aire
en vuelo involuntario.

no sabes nada, josé, y ya no sabrás.

© Luis Reynaldo Pérez, de República Dominicana


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